Exponerse a la luz

28 de agosto

«Estos defectos crecen en la oscuridad, pero mueren a la luz del día.»

Texto Básico, p. 37

El Quinto Paso nos pide que compartamos nuestra auténtica naturaleza con Dios, con nosotros mismos y con otro ser humano. No nos anima a que le contemos a todos cada uno de nuestros pequeños secretos personales. No nos pide que le revelemos al mundo entero cada idea vergonzosa o temerosa que hayamos tenido. El Quinto Paso simplemente sugiere que nuestros secre­tos, cuando los guardamos completamente para nosotros, nos hacen más mal que bien.

Si cedemos a la falta de ganas de revelar nuestra auténtica na­turaleza por lo menos a un ser humano, el lado secreto de nuestra vida se hace más fuerte. Y cuando los secretos tienen el control, se interponen entre nosotros, nuestro Poder Superior y las cosas que más valoramos de nuestra recuperación.

Cuando compartimos en confianza nuestra personalidad secreta por lo menos con un ser humano —nuestro padrino, quizás, o un amigo íntimo— esa persona no suele rechazarnos. Nos mostramos a alguien más y recibimos su aceptación como recompensa. Cuando esto sucede, nos damos cuenta de que compartir honestamente no es una amenaza contra la vida; los secretos han perdido su poder sobre nosotros.

Sólo por hoy: Puedo desarmar los secretos de mi vida al com­partirlos con otro ser humano.